18 feb. 2013


De la sabiduría de Kung Fu Panda

Escrito por  Pedro L. Toledo


El ayer es historia, el mañana es un misterio. El hoy es un regalo, por eso se llama “presente".
Esta frase, se la dice el maestro Sifhu a Po, en Kung Fu Panda, como una revelación del viejo maestro Oogway. Parece ser que tiene su origen en la mismísima Eleanor Roosvelt y bien podría tener su destino en mostrarnos a todos el camino a seguir.
Pero antes de ver ese camino, recapitulemos. Hubo un tiempo pretérito en que las estaciones tenían sentido, hacía calor en verano, llovía en otoño, frío en invierno y “pisipisá" en primavera. En ese tiempo jugábamos con los madelman o con la Nancy, nos pegábamos y escalabrábamos en el cole sin que nos causara trauma alguno. Llamábamos a las cosas por su nombre, no teníamos miedo a darnos la mano y de hecho, esto se entendía como señal de un acuerdo inquebrantable.
En ese mismo tiempo, repito, este país salía de una oscuridad de 40 años y la gente se mostraba cauta pero ilusionada. Era una época en la que el español medio difícilmente se iba de vacaciones y en la que, igual que ahora, apenas se llegaba a fin de mes.
Pasaron varios años acompañados de sus respectivas elecciones. Primero en días de diario, luego en domingo. Las hubo generales, “deotanes", autonómicas, municipales, europeas y supongo que alguna otra forma que me quedo por el camino de la memoria. Con esas elecciones fueron y vinieron políticos, pero todos con un denominador común: siempre ganaban, aunque perdieran.
Nosotros, los ciudadanos de a pie, usted, yo, mi vecina del quinto, no nos lo creíamos y nos lo tomábamos a chufla. No podía ser que ganaran todos. Sin embargo, era cierto, esta es una de las pocas verdades que nos dicen los políticos, ellos siempre ganan.
Con el paso del tiempo la corrupción floreció, corrupción, que además de dinero, nos fue poco a poco robando la ilusión. Y con esa merma hemos llegado al día de hoy. Al presente que nos indicaba desde el Valle de la Paz, el maestro de los Cinco Furiosos.
Un presente en que la oscuridad se ha extendido. Oscuridad que nos hace pensar en que lo mejor es esconder la cabeza debajo del ala y recrearnos en nuestros tiempos de la EGB, del Naranjito o del Osito Misha, en lugar de afrontar el día a día para descifrar el misterio del mañana.
Es posible que ese mañana deba pasar por conjugar el verbo dimitir, hace poco lo hemos escuchado en latín, no estaría de más que ahora lo escucháramos en castellano. Y no, no me refiero solo a “la sepulvedana" (es curioso, recuerdo una empresa de autobuses con este nombre), me refiero a tantos y tantas que hacen que tenga que salir una joven, de la cercana tierra de Cabanillas, a decir en alto lo que todos susurramos.
En cualquier caso, por donde debe pasar ese mañana, es por la implicación de todos y cada uno de nosotros. No queriendo saber no conseguimos más que hacer más grande la oscuridad. Hay unos pocos, que sí que quieren saber y, por tanto, nos dan lecciones. Lecciones, de lo que no les debemos dejar hacer.
Que la fuerza os acompañe.

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