20 mar. 2009

Una madrina en el congreso una rosa sin Espinas, Rosa Diez una voz por la justicia.

UNA ROSA EN EL CONGRESO.

Desde el mediodía del 14 de marzo, Rosa Díez , se ha convertido en la madrina moral y ética de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, los guardias civiles le debemos mucho, más que nada la comprensión, con eso sólo basta para darle ese título de madrina, yo sólo puedo ofrecerle mi agradecimiento con un romancillo, porque en la literatura del tiempo –nuestro tiempo- la asonancia, es la que queda en la memoria de las gentes, y sobre todo, de nuestra gente.
Los guardias civiles debemos de ser neutrales políticamente y lo somos, pero también debemos de ser agradecidos. Y esta diputada es la única que, nos ofrece la aspirina aliviadora de nuestros dolores.

Gracias Rosa.

Ha tenido que llegar la Rosa
A las Cortes que sufrimos,
Para que, el eco de los guardias
se sienta, como sentimos.
¡los claveles eran sordos
en medio del Hemiciclo!

Ha llegado una Rosa
y, al final somos oídos,
guardias civiles de España,
hay una Rosa entre olivos,
que es la madera más dura
que en esta España de olvidos,
que por no ver su horizonte
parece vernos vencidos.

Nos queda una Esperanza,
una Rosa sin espinos,
de la España más social,
mente clara de prestigio.

Una sola voz, la voz,
un escaño, hermanos míos,
que bajo un día de Euskadi
por recordar que existimos.

Leganés, 20 de marzo de 2009

José Manuel García García (JOSMAN)

El Tribunal Federal Supremo Alemán pone a los-as en su sitio

Madres divorciadas, se acabó lo de vivir del ‘ex’
@Aurora Mínguez (Berlín). - 20/03/2009 06:00h
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Lo decidió el miércoles el Tribunal Federal Supremo alemán en una sentencia sin duda histórica. Cuando una mujer casada y madre se divorcie o se separe del marido, sólo podrá aspirar a que su ‘ex’ le pase una pensión durante los tres años siguientes a esa separación, y eso siempre que sea ella quien se haya quedado al cuidado de los hijos comunes renunciando a su puesto de trabajo. A partir de entonces, sólo habrá pagos añadidos por esa dedicación a los niños si el juez lo estima ‘razonable y oportuno’. Es decir, se verá caso por caso, según la edad de las criaturas, si tienen algún problema de salud o requieren una atención especial, si disponen de una plaza en guarderías o colegios o si existe la posibilidad de que alguien se ocupe de ellos mientras la madre está en la oficina, la fábrica o el despacho. Pero, en principio, la madre separada o divorciada tiene que volver al trabajo para mantenerse a sí misma a los tres años de ese divorcio o separación.

La sentencia responde a la demanda presentada por una mujer, maestra en Berlín, quien se divorció en 2006 después de seis años de matrimonio. Ella tiene la tutela del hijo común de siete años enfermo de asma y recibe de su ex marido, además de la pensión para dicho hijo, otros 837 euros al mes. De acuerdo con la nueva legislación que entró en vigor en Alemania el primero de enero del 2008, ella debería volver a su puesto de maestra y ver reducida su pensión a la mitad hasta que se cumplan los tres años del fin del matrimonio, ya que ahora está dando clase de vez en cuando. El ex marido reclamó a la justicia suprimir totalmente los pagos de manutención en agosto y ella recurrió. Al final, la maestra ha perdido la batalla.

Antes, en Alemania, una mujer separada o divorciada que hubiera sacrificado su carrera profesional para ocuparse de sus hijos tenía garantizada legalmente una pensión hasta que el crío tuviera ocho años. De los ocho a los quince años de edad de la prole, la madre podía seguir recibiendo esa pensión del ex y tener además un medio empleo, o un trabajo a tiempo parcial. A menudo, la situación se prolongaba a medida que la madre ganaba en años y perdía en oportunidades de reincorporarse a la vida laboral. Pero ahora las cosas han cambiado radicalmente y los jueces de Karlsruhe han decidido que la mujer-madre divorciada debe de regresar bastante antes a su puesto de trabajo, caso de que no lo haya perdido.

Se mantiene el principio de que la madre divorciada tiene derecho a esa pensión de manutención en los primeros tres años y cuando los niños son pequeños, porque se entiende que no es compatible la plena dedicación al trabajo y a la familia. Pero el nuevo derecho de familia, refrendado ahora por esta sentencia del Tribunal Supremo Federal, establece que la mujer después de esos tres años está obligada a trabajar como antes.

Lo definía claramente una de las miembros del Tribunal, Meo-Micaela Hahne: “Las mujeres jóvenes ya no pueden confiarse y pensar: si tengo un anillo de matrimonio en mi dedo tengo garantizado el mismo nivel de vida tanto si sigo casada como si me divorcio”. Las mujeres, en este aspecto, tienen que aceptar la cruda realidad: después del fin del amor, cada cual tiene que ganarse las lentejas por su cuenta.

La difícil elección entre trabajo e hijos

A pesar de los pesares, la maternidad sigue siendo un freno laboral cuando no una amenaza a ese puesto de trabajo duramente conseguido. Y si el matrimonio o la pareja deja de funcionar, la maternidad es también una carga económica que no tiene una alta remuneración… y menos en estos tiempos de amores y economías revueltos. Tal vez para animar a las indecisas, en Bruselas la Comisión Europea está preparando un proyecto de ley para que las madres de los 27 países socios puedan tener durante más tiempo el permiso de maternidad pagado. Se pretende que en toda la Unión ese permiso tenga la misma duración: 18 semanas al menos, a tomar antes y después del parto. Las diferencias entre países son notables: en Alemania, 14; en Francia y España, 16; en Dinamarca 18 y en Bulgaria 45 semanas.

Alemania precisamente se niega a aumentar esa ‘pausa bebé’ argumentando que hace más difícil la reincorporación de la mujer al trabajo. Pero detrás todo ello están los empresarios, quienes creen que esas dos semanas más les supondrían un desembolso extra de 500 millones de euros. Pocos padres se acogen al permiso de paternidad -que aquí tiene una duración mínima de dos meses-, haciendo así realidad el splitting de tareas domésticas.

En una tal situación, es lógico que muchas mujeres se encojan de hombros cuando los gobiernos se lamentan de los preocupantes niveles de nacimientos en el mundo occidental. Con semejantes ayudas estatales y legales, quedarse embarazada es, sin duda, un acto de auténtico coraje.

El previsto Zapatazo de Zapatero y los socialnacionalistas del PSOE en las Europeas.


Zapatero teme un batacazo en las europeas con una abstención histórica: más del 60% .


Las elecciones al Parlamento Europeo del próximo 7 de junio podrían elevar el listón de la abstención a un nivel que, además de romper todos los registros históricos, resultaría casi obsceno: más del 60% de los electores no acudirán ese día a las urnas, según los cálculos de participación que maneja el Gobierno y a los que ha tenido acceso El Confidencial.
Ese índice de apatía política, jamás alcanzado en España en unas elecciones de ámbito nacional, puede pasarle una costosa factura a José Luis Rodríguez Zapatero. El Gobierno teme, según las fuentes consultadas, que el generalizado malestar provocado por la crisis económica se traduzca en una desmovilización del electorado socialista y anime a los simpatizantes de la derecha a ejercer un voto de castigo contra Zapatero.
Las últimas elecciones europeas, celebradas en 2004 -el Parlamento de Estrasburgo se renueva cada cinco años-, ya arrojaron un índice de abstención escalofriante: un 54,06% del electorado no fue a votar. Ese porcentaje fue el más alto registrado en España en unos comicios de carácter nacional (generales, municipales y europeas) desde la plena restauración de la democracia, en 1977. Pero los sondeos de los que dispone el Gobierno pronostican que el próximo 7-J la participación será aún mucho más raquítica que en 2004 -apenas rozó entonces el 46%-, y podría no superar el 35%.
Pero no es la desbocada abstención el único elemento que puede jugar en contra de Zapatero. La tendencia, generalizada en el electorado de los países de la UE, de castigar en los comicios europeos al partido que gobierna, y sobre todo la magnitud de la recesión económica, hacen temer al Ejecutivo socialista una auténtica debacle electoral. Por si fuera poco, la cercanía de la cita con las urnas -faltan poco más de dos meses- apenas deja margen de maniobra al Gobierno para poner en marcha nuevas medidas anticrisis o, al menos, para que las ya aplicadas dejen notar sus efectos.
Es cierto que en 2004 el PSOE ganó las elecciones europeas siendo ya Zapatero presidente del Gobierno, convirtiéndose en la excepción que confirma la citada regla según la cual los electores pasan factura al partido instalado en el poder. Pero hay una explicación para esa anomalía: los comicios al Parlamento Europeo se celebraron el 13 de junio, es decir, sólo dos meses después de la primera victoria en las urnas de Zapatero, tras los traumáticos atentados terroristas del 11-M.
Nuevas circunstancias
El Ejecutivo socialista se benefició entonces de dos circunstancias que, con toda certeza, no se darán el próximo 7-J: por un lado, su bisoñez jugó a su favor, ya que el equipo de Zapatero, recién aterrizado en La Moncloa, no tuvo tiempo de sufrir el menor desgaste. Y por otro, esa misma cercanía de las generales provocó en las europeas un efecto de arrastre del voto que también favoreció al PSOE.
Lo que tanto el PSOE como el PP dan prácticamente por seguro es que las próximas elecciones europeas se decidirán en clave nacional, y que la política comunitaria influirá poco en los electores a la hora de decidir su voto. De hecho, la "falta de sentimiento europeo" fue la razón más esgrimida para justificar la escasísima participación en los comicios de 2004, según reveló una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) elaborada pocas semanas después.
El pasado martes, el Parlamento Europeo dio a conocer la campaña institucional que, bajo el lema Tú eliges, tratará de fomentar la participación en las elecciones del 7-J. La campaña cuenta con un presupuesto global de 18 millones de euros y ha sido lanzada simultáneamente en los 27 países miembros de la UE. Pero al menos en España ha pasado prácticamente inadvertida. Un indicio, sin duda, de que los sondeos de participación que maneja el Gobierno no van desencaminados.