23 ago. 2009

Esto tiene solución y el supuesto tráfico de influencia puede constituir algún ilícito penal que estoy seguro pondrá a cada uno en su sitio

Villa PSOE y la nueva 'cacicada' de Pepiño Blanco.

José Blanco, Villa PSOE, Isla de Arosa, Ley de Costas
@Federico Quevedo - 22/08/2009
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Como en aquella canción de Mecano, el pobre Mario se quiere morir. Lleva toda su vida afincado en la Isla de Arosa, isleño de cuna y árbol genealógico, con el rostro curtido por el sol y el salitre, el hablar lento y musical. Allí regenta un pequeño negocio familiar, entre tienda y tapería o chiringuito, al borde de un viejo camino que rodea la isla y que sirve de vía de traslado para los pescadores. Mario, las tardes de sol o en las que no llueve, saca unas mesas a la vera del camino, e igual te vende un kilo de churrasco para una barbacoa que te sirve una tapa de pulpo a feira o mejillones al vapor mientras te cuenta su vida y da rienda suelta a su pesar.

Hasta ahora había luchado por evitar lo que parece inevitable, pero ahora, como en la canción, el pobre Mario se quiere morir porque todo lo que ha significado algo en su vida se va a ir a la mierda, con perdón, por culpa de un político gallego instalado en Madrid, hasta hace poco secretario de Organización del PSOE y ahora ministro de Fomento: José Blanco, también conocido como Pepiño o Blanquito en su Lugo natal. Y todo porque no contento con haberse pasado por el arco del triunfo la Ley de Costas para construirse un ático de lujo que ha acabado con una de las zonas más hermosas de la Isla de Arosa, el inefable Pepiño tiene en marcha una nueva cacicada que va a dar al traste con otras más de doscientas propiedades: una carretera que le lleve directamente a su nueva casa sin necesidad de tener que atravesar el núcleo urbano.

En efecto, desde que termina el puente de algo más de dos kilómetros que une la isla con la península, hasta la nueva casa de Pepiño en uno de los extremos de la isla, solo cabe acceder por la actual carretera que atraviesa el núcleo urbano. La única manera de llegar a Villa PSOE sin atravesar el pueblo sería por ese viejo camino de pescadores, intransitable como vía principal de comunicación, e ‘intocable’ por la propia Ley de Costas si se quisiera utilizar como base para levantar la nueva carretera.

De ahí que lo que se les ha ocurrido a los promotores de esta cacicada socialista es construir la nueva carretera paralela al camino, algo más alejada de la costa, pero inevitablemente destructiva para quienes tienen propiedades a lo largo de ese camino, como le ocurre a Mario. Todas esas propiedades van a ser destruidas para que Pepiño Blanco, Gaspar Zarrías y el resto de prebostes socialistas con pisito de lujo en Villa PSOE puedan acceder a sus casas sin tener que encontrarse con los molestos y desagradables vecinos de la Isla de Arosa. Con una excepción: el propio alcalde de la Isla, el socialista José Manuel Vázquez, también tiene casa por donde esta previsto que pase la nueva carretera, pero justo en ese punto la misma hace un quiebro que evita que la casa del alcalde tenga que ser derribada. ¡Vaya por Dios! Que casualidad.

Pues si al derribo de las casas que se encontraban detrás de Villa PSOE y que serán tiradas abajo en cumplimiento de la misma Ley de Costas que incumple la urbanización socialista de lujo, se une el derribo de las propiedades que se encuentran en la línea por la que va a pasar la nueva carretera, el ático de Pepiño va a tener un coste, no sólo en euros para su dueño -que es un asunto del que también a mí me gustaría saber algo más, porque tengo mis dudas sobre el pago-, sino en destrozo del entorno ecológico y urbano de la isla que como cacicada supera todo lo imaginable y alcanza el punto de auténtica vergüenza.

¿Se puede hacer algo? Realmente poco. El problema es que todos los permisos se concedieron antes de que el PSOE abandonara el poder en Galicia y si a eso se une que es el propio Pepiño Blanco el que manda en Fomento, a la ya complicada solución para la nueva Xunta ‘popular’ de Núñez Feijóo se une un conflicto competencial entre distintas administraciones en el que, generalmente, tiene las de ganar la administración del Estado, por lo que da la impresión de que sólo un milagro puede salvar a Mario y los centenares de afectados isleños por las obras de Villa PSOE.

Estos días se ha podido ver por ahí a Pepiño Blanco visitando las obras, mientras algunos vecinos siguen de acampada de protesta. Estos tíos que van por la vida de defensores de los pobres y que proponen chorradas como la de subir los impuestos a los ricos para pagar los subsidios de los pobres -ya imagino a Rodríguez disfrazado de Robin Hood y a Pepiño a su lado de Fray Tuck-, luego no tienen la más mínima vergüenza ni escrúpulo alguno a la hora de desposeer a terceros de sus vidas y de sus propiedades con tal de salirse con la suya para vivir como esos mismos ricos a los que dicen despreciar. Simplemente abominable.

P.D.: Esto no tiene nada que ver con lo anterior, pero no puedo evitar preguntarlo: ¿Quién ha sido el imbécil que ha puesto de moda llevar los calzoncillos debajo del bañador? Hay modas estúpidas, como la de enseñar los calzones o el triángulo del tanga por encima del pantalón, o situar la cintura del mismo a la altura del coxis, pero ésta del calzón y el bañador encima se lleva la palma por ser colosalmente estúpida e incómoda. Dicho queda

Mentiras y mas mentiras de los embaucadores del circo de la politica Española


Pepiño Blanco, como Robin Hood.


22.08.09 11:09. Archivado en Personajes


Pepiño Blanco, desde que fuera ascendido a ministro, ha dejado de lanzar insidias y se ha puesto a lanzar globos sonda. Ahora, en plena canícula estival, Pepiño ha hinchado los carrillos y soltado, como quien alivia los vapores de la digestión: "Si es necesario elevar los tipos impositivos de las personas que tienen más renta para garantizar políticas sociales e inversiones públicas... habrá que hacerlo".
Globo sonda que, aunque aderezado con las especias de la filantropía de progreso, huele a comida recalentada.
Afirma Juan Manuel de Prada en ABC que, al fin y a la postre, Pepiño no ha hecho sino repetir aquel lema que justificaba en sus desmanes a tantos simpáticos bandidos: «Se lo quitamos a los ricos para dárselo a los pobres».
Este lema lo patentó Robin Hood, un salteador de caminos convertido en héroe popular; y desde entonces lo han esgrimido infinidad de bandoleros y atracadores, como aquel John Dillinger que desvalijaba bancos y en su huida iba repartiendo fajos de billetes entre las muchachitas que le hacían un sitio en la cama.
Pepiño, como Robin Hood o John Dillinger, sabe que la «solicitud terrena» que condenara Cristo es una angustia vital que importuna por igual a ricos y pobres; y que, del mismo modo que desata la avaricia de los ricos, estimula el resentimiento de los pobres.
Y, como Robin Hood o John Dillinger, Pepiño sabe que el mejor modo de alimentar el resentimiento de los pobres consiste en fingir que se combate la avaricia de los ricos, convertidos en chivo expiatorio de todas las calamidades que nos afligen.
Robin Hood eligió como chivo expiatorio a los normandos; John Dillinger a los bancos; y Pepiño, que es más versátil o ecléctico, va cambiando de chivo expiatorio según sople el viento: primero fue el capitalismo salvaje de las hordas neocon, después la voracidad insolidaria de los empresarios y ahora... «las personas que tienen más renta», una categoría suficientemente nebulosa como para nutrir el resentimiento de los pobres de hogaño, que -como en todo régimen de progreso que se precie- es oceánico y creciente; pues antes de quitar el dinero a los ricos para dárselo a los pobres, el progresismo se dedica a fabricar pobres a porrillo.
Y así, una vez que nuestro gobierno de progreso ha creado cuatro o cinco milloncejos de pobres, elige como chivo expiatorio a las «personas de renta más alta». ¿Y quiénes son esas «personas de renta más alta» a las que Pepiño ha señalado en su globo sonda, como Robin Hood señalaba a los normandos?
No son los ricos, en contra de lo que el resentimiento de los pobres ingenuamente cree, pues los ricos no son tan pringados como para tributar por el Impuesto sobre la Renta. Las «personas de renta más alta» son, en la jerga del progresismo, los paganos de las clases medias; esto es, los pringados que viven de una nómina y no pueden escaquear sus ingresos al fisco.
Así, esquilmando a las clases medias, fingen los gobiernos de progreso que combaten la avaricia de los ricos, cuando lo único que hacen es alimentar el resentimiento de los pobres, a quienes reparten una limosnilla mensual de 420 euros; limosnilla que luego los pobres gastan suscribiéndose a uno de esos canales televisivos de pago que los gobiernos de progreso regalan a los ricos, con la condición de que sean ricos de progreso, para que hagan caja a costa del resentimiento de los pobres, que requiere para aplacarse -amén de la limosnilla mensual- la dosis de un par de partidos de fútbol a la semana, según la doctrina clásica del panem et circenses.
Y así, alimentando el resentimiento de los pobres, los gobiernos de progreso se incorporan, como Robin Hood o John Dillinger, al devocionario popular y a la leyenda cinematográfica. A Robin Hood le puso cara en la pantalla Errol Flynn, a John Dillinger se la pone ahora Johnny Depp; ya sólo falta saber qué guapetón con agallas se la pondrá a Pepiño Blanco.