10 jun. 2008

Los Españoles y la Retranca

LOS ESPAÑOLES Y LA RETRANCA


Se encuentran un Francés, un inglés y un español en una cafetería, de repente, el francés dice: “Mirad, ese de ahí es igualito a Jesucristo”, “Va, qué va”, le contestan. “Que sí, que sí. ¡Pero si es igualito! La barba, la túnica... Es Jesucristo, seguro”. Se levanta el inglés, se dirige hacia el hombre de la mesa y, tanto le insiste, que el tipo le susurra: “Si, soy Jesucristo, pero habla bajito y ¡no lo comentes!”. El ingles, loco de alegría, le dice: “Tengo una lesión en la rodilla. Por favor, cúrame”. Jesucristo le pone la mano sobre la rodilla y le cura. El inglés vuelve a la mesa y, claro, se lo cuenta todo al francés y al español. Se levanta el francés, va corriendo hasta la mesa de Jesucristo y le dice:”Me ha dicho mi amigo ingles que tú eres Jesucristo. Tengo un ojo de cristal. Por favor, ayúdame”. Jesucristo le pone la mano en el ojo y se lo cura. El inglés vuelve y lo cuenta a sus amigos.
Jesucristo empieza a pensar que en breves instantes aparecerá por allí el español. Querrá, como todos, que le cure;pero el tiempo pasa y el español no se mueve, entonces Jesucristo, ya mosqueado y picado por la curiosidad, se levanta, va hacia la mesa, poniéndole una mano en el hombro al español, le pregunta: “Oye, ¿y tú por qué no..?. De pronto, el español salta de la silla y, apartándose violentamente, le dice: “¡Eh!, ¡sin tocar, que estoy de baja!”. España e el país de la picardía, comentó el profesor e inicio el segundo ejemplo. Leyó una noticia de New York Times: “Los directivos de una compañía de seguros intentan averiguar por que nadie se percato de que uno de sus empleados estuvo muerto, sentado en su mesa durante cinco días, sin que nadie se interesara por él ni le preguntara que le ocurría. El hombre, de 55 años, que trabajaba en la empresa desde hacia 30, sufrió un paro cardiaco en una oficina que compartía con 21 trabajadores. El lunes llegó al trabajo, pero nadie se dio cuenta que no se marcho, hasta que el sábado el personal de la limpieza le pregunto que hacia allí en fin de semana. El jefe del fallecido declaro que siempre era el primero en llegar y el ultimo en marcharse, por lo que a nadie le extraño que estuviera todo el tiempo en su sitio sin moverse y sin decir nada. Era bastante reservado y su trabajo lo absorbía. Un examen post mortem revelo que llevaba muerto cinco días tras sufrir un infarto”. El profesor concluyo la clase con un consejo: no llegar el primero a la oficina, no irse el ultimo y no trabajar demasiado. ¡Nadie se dará cuenta!